viernes, 28 de octubre de 2011

Ocaso frágil en este mar de dudas


Me declinas como un ocaso frágil,
el mar cobija con silencios
el quebranto de las olas;
sobre la tarde desfallecen
incontables nubes, cada vaho
es el humo que vadea,
que me aborda presuroso
hasta sosegar en mí
del túnel a tu boca.

Abrazaste el regreso del ocaso,

sacudes mi hálito, sollozo
de sauce baldío volteando
la extrañeza del olvido.

Regresas y te ahuyentas
como el humo que en el aire
apremia la sonata del deseo.

La soledad gimotea en la duda de mis manos.
Una araucaria de fuego rodea mis ojos solitarios.

Avanzan los astros de un silencio angosto,
el cielo de la tarde aproxima el horizonte
donde aclama su túnica peregrina
el caos del gemido, que desciende de la noche.

Reconozco tu glosario de la ausencia,
sortilegio de mudez que aderezas,
mis ojos te vigían bajo luna de mordaza,
un cíclope de oropel secuaz y lastimero
y lloras y temes y recuerdas
pero tu voz, cercada, se vereda
alejando tu boca entre la escarcha
que otorga la elegía al latido del abismo.

El rocío es nostalgia de la noche,
cada nombre se aleja entre palabras.
Una ansiedad de sol prospera entre la hierba
y tú, pequeña abeja muda,
temes el impuesto retorno,
te aleja el solitario bosque atardecido .

Te ocultas y te aguarda
la nostalgia de la orilla, esteros agotados
de sol amortajados. Luz de abril.

Me lanzo acorralando al mediodía:
una estela de ópalo asalta el susurro
de tu piel en mi mano, despegada de ti.

En mis dedos crecen musgos sedentarios,
de mis ojos desertan las tristezas ,
todo mi ceño te corea con miradas;
y oscurezco como un perenne eclipse
bajo una nube suspendida y serena
por tus ojos, por tu piel alzada.

El mar ondula sus espejos,
dialogo al aliento
fugitivo de sus olas.

Hay un llanto, sonoro y frío,
de peces en su ente de cristal y agua.

Veo transitar un barco hacia ti
huyendo con mis dedos al tropiezo
de mis manos: siento el extravío
de las olas, de los musgos y las algas…
y el sigilo del azul:
y caigo al mar
en la desidia de un recuerdo.

Me declinas.
Solo, con tristeza de azules despojados,
he acogido el regreso del ocaso.


Ramón Leal

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